LA OLVIDADA NATURALEZA HUMANA


Los humanos somos seres empáticos por naturaleza. Nuestros instintos más primarios están hechos de la voluntad de pertenecer a aquello que experimentamos a través de los sentidos. Si vemos algo y nos gusta, queremos tocarlo para participar de su textura; si oímos música que nos gusta, queremos fusionarnos con su vibración energética; si nos sale una caries en la boca que nos permite sentir un dolor diferente, no paramos de hurgárnosla con lengua, igual que cuando besamos a demonios que sabemos de antemano que van a ser nuestra ruina. El mundo que se genera en nuestro interior al darle rienda a nuestros sentidos es nuestro propio universo. Brilla con la misma misma intensidad que la lupa que calcina a la hormiga que observas desde las alturas cuando aún eres infante.

A medida que crecemos y vivimos en esta sociedad enferma, alejados de nuestra naturaleza, ese universo que tenemos dentro se acaba pareciendo cada vez más a un laberinto del que parece imposible escapar. Queremos escapar, pero es muy difícil, hay demasiados caminos posibles y casi todos los que no acaban en callejones sin salida, conducen a más caminos que solo acaban a su vez en más callejones sin salida. Nos sentimos atrapados y sin esperanza de escapar de nosotros mismos. Así pues, con el paso del tiempo, cada vez nos da más pavor experimentar ese universo que llevamos dentro. Ahora buscamos despojarlo de nuestra atención y de la bendición de nuestros sentidos. Donde la meta inicial era escapar, ahora eso parece una pérdida de tiempo: no hay escapatoria. De modo que empezamos a reconfigurar nuestros objetivos hasta acabar queriendo estar lo mejor posible en el laberinto, por lo que tratamos de reunir víveres, armas, herramientas y cosas para hacer nuestra estancia allí más acogedora. Al fin y al cabo, somos seres empáticos por naturaleza y todos acabamos queriendo pertenecer a aquello que experimentamos a través de los sentidos, ¿no?
 
La televisión posee las mismas capacidades que Medusa, porque todo el que la mira se convierte en piedra: durante el día, por las tardes, pero especialmente al caer la noche, el diabólico aparato inmoviliza a millones de personas que no pueden hacer nada por evitarlo."

— Rafael Estrada Delgado.
 
Y así es como sucede la muerte del alma, la muerte del individuo. Esta sociedad está tan enferma que, si tú lo permites, te hará creer que esa enfermedad que hay que combatir eres tú; te hará creer que tu propia naturaleza es tu mayor defecto; que tu propia mente es una prisión de la que debes escapar; que tu universo interior es un lugar peligroso para ti. Es así cómo logran destruirte. Una vez hayan aniquilado todo rastro de individualidad en ti, te darán acceso ilimitado a pronombres preferidos, identidades de género personalizadas, universos interiores no-normativos; identidades políticas, identidades activistas, resolutistas y ecosostenibles; identidades religiosas, religiones fabulosas y también horrorosas, y todas ellas plausibles; te darán acceso ilimitado a formas de escapar, formas de olvidar y formas de hacer que tu vida sea más confortable. ¿Quién controla el mundo que perciben tus sentidos?
 
Y es así cuando esta sociedad enferma te aniquila por completo y te reduce a simple ganado sacrificable. Lo peor de todo es que ninguno de vosotros, que sois, de facto, ganado... quiere admitirlo. No, porque ello os conduciría de vuelta a ese laberinto angustioso que es vuestro interior. Además, ¿para qué molestarse? Sabéis todos vosotros muy bien qué se encuentra realmente al final de ese laberinto. Lo sabéis de sobras, todos vosotros lo sabéis. Al final de ese laberinto estáis vosotros, gritando con palabras que no tienen rima, con aullidos que no tienen eco y con rabia que está apagada de tanto esperar. Ese es vuestro "yo" interior, que os mira con ojos quebrados y su mirada dice: "¡me has traicionado!".

Los humanos somos seres empáticos por naturaleza. Nuestros instintos más primarios están hechos de la voluntad de pertenecer a aquello que experimentamos a través de los sentidos, ¿no?
 
Las religiones no son más que un instrumento para manipular al ser humano utilizando para ello, el arma más poderosa jamás creada: el miedo."

— Nicholas Walles.

Te doy la bienvenida a esta sociedad enferma, ahora somos uno. A partir de ahora, confío en que pregones la palabra y disuadas a aquellos a los que quieres de la absurda idea de obedecer a su propia naturaleza. 
Me voy con la seguridad de que no harás nada estúpido que pueda poner en peligro nuestro acuerdo. ¡Eso sería de locos! 

Por favor, si conoces a alguien en tu entorno que pueda encajar en la descripción de alguien tóxico, indecente y contrario al régimen que practique el vivir en armonía con su propia naturaleza, por favor,  ejerce tu derecho a denunciarlo a las autoridades para que sea castigado justamente. Todos sus pronombres preferidos, sus autopercepciones de género y su patrimonio espiritual le serán legados a su pariente más cercano.

¡Gracias por tu cooperación!

Comentarios

ENTRADAS POPULARES